Terrorismo, Esopo y Aznar

La semana pasada le tocó a José Maria Aznar “iluminarnos” como tercer orador invitado al World Affairs Council of Oregon’s 2004-05 International Speaker Series… algo esperado por muchos, entre ellos la prensa local.

Denunciar el terrorismo de su boca sonaba un poco a perogrullada, ya que por definición es algo que todo el mundo aborrece, aun aquellas personas que acusamos de terroristas, con o sin razón. Pero Aznar fue mucho mas allá de la denuncia y convirtió en articulo de fe la muy repetida declaración de que “los terroristas cambiaron el gobierno de España en el 2004”… dando creencia a la fábula que persiste en la prensa estadounidense.

Antes de que ese ataque ocurriera en una estación de tren de Madrid, el destino del Partido Popular (centro-derecha) estaba prácticamente sellado, y al PSOE (centro-izquierda) de Zapatero se le veía en el poder. Fue la forma de reaccionar al ataque por el gobierno de Aznar, sacando partido de lo que muchos llaman diseminación de mentiras “a lo Bush”, que probablemente cambiase la cuantía en los resultados, pero no los resultados de por si. El comportamiento de ambos partidos a raíz del ataque es algo que recientemente se investigó en Las Cortes en medio de mucho debate pero sin esclarecimiento a cuanto lo ocurrido… algo que nos hace recordar las investigaciones llevadas a cabo en nuestro congreso.

La ficción de que terroristas cambiaron el curso de la política en España sigue avivada por el fuelle de Aznar y otros que se benefician políticamente de esa forma de pensar; pero no importa cuantas veces ese mito es repetido, continuara siendo eso: un mito. De hecho, la misma tarde en que Aznar daba su discurso en Pórtland (Oregon), los periódicos en España mostraban los resultados de la última encuesta que ponían al PSOE con cifras de popularidad aun mas altas, con referencia al Partido Popular, que tuviera en las elecciones de hace once meses. Difícilmente una justificación a lo que Aznar viene diciendo, y una validación a la declaración de que las elecciones recientes en Irak no justifican la invasión.

Para ser justo con Aznar, debe decirse que sus dos periodos en el poder tuvieron éxito, por lo menos en el aspecto económico de su gobierno. Fue tan solo cuando sintió la llamada de “su destino” (ese gene decrepito comúnmente encontrado en el ADN de líderes españoles con sueños de la “vieja España”, según mis amigos de España) que deslustró su reputación en la historia. En contra a los deseos de su pueblo de no invadir Irak, que algunas encuestas ponían en el 90 por ciento, apoyó a Bush… ridiculizándose como uno de “los tres tenores” políticos (Bush y Blair eran los otros dos) en las Azores, inmediatamente antes de la invasión; después, durante la guerra, siendo incapaz de mandar un pequeño contingente militar que añadiera a las caras estadounidenses y británicas; y al final, aportando una división para mantener la paz en una región que hasta la fecha no ha sido pacificada.

Tras leer la noticia de prensa y un comentario editorial sobre el discurso de Aznar, no tienes otro remedio que sonreír de forma indulgente a la falta de conocimientos y juicio periodístico en nuestra prensa libre-pero-ignorante en materia de asuntos exteriores. The Oregonian (periódico de Pórtland) y su redactor-asociado, David Reinhard, fueron los protagonistas a ese juicio mío, atestiguado por el comentario de Reinhard el 10 de febrero, que ni siquiera merece refutación.

Primero fue el nueve-once estadounidense, seguido del tres-once español hace once meses. Quizás estamos en el último momento, la hora undécima en el reloj de la razón y comprensión que al llegar a las doce nos dejara incapacitados para analizar nuestro comportamiento depredador en el Oriente Medio y América Latina y, a ser necesario, hacer reparación. ¿Es demasiado pedir el que se examine el catecismo de la política exterior estadounidense? ¿Qué tiene de malo el que busquemos respuestas, o refresquemos las preguntas que puedan dar una mejor visión para el país? ¿Somos tan omnipotentes que retamos al mundo entero… y hasta lo más noble de nuestros impulsos humanos?

Espero con impaciencia que llegue el 10 de marzo, cuando aparecerá el cuarto y último orador en esta serie, Zbigniew Brzezinski; un verdadero estadista que estoy seguro ofrecerá algo lógico, significativo y creíble… en contraste al buscador-de-fama Aznar que traicionó la postura contra la guerra de los españoles para poder codearse con el todavía-sin-coronar, emperador George W. Bush.