Poder significa nunca tener que decir lo siento (... o, "Historia de Amor" sin amor)

“Historia de Poder XXXI”, un docudrama actual dirigido por Tony Blair y producido por el G-8 ha tenido su estreno, apresurado por los tristes acontecimientos en Londres, en el Hotel Gleneagles de Pertshire, en Escocia.

“Rocky”, la película, nunca pasó de V; pero el viejo “grupo de seis”; mas tarde G-7 cuando se invitó a Canadá; y luego G-8 al adoptarse a Rusia, no cabe duda continuará con secuelas anuales, mientras otras naciones están a la espera de unirse al grupo

En el reparto de ocho, dos tuvieron estrellato: el director-anfitrión, Tony Blair, y G. Bush como “Imperator Dei Gratia”. En una atmósfera de terrorismo global, y cambio climático cierto, el guión enfocó la pobreza; especialmente la pobreza en África… y a los remedios que el G-8, y otras naciones ricas, pudiera ofrecer. El tema subyacente en Gleneagles tuvo a Blair, junto con los mandatarios de seis paises, tratando de convencer a Bush… mediante pulimento de ego, o lo que fuese menester; que es preferible ser visto como un emperador clemente y concernido, y no el individuo arrogante por quien se ha hecho conocer. Huelga decir que los siete fracasaron totalmente en sus intentos. ¡No que todo ello le importase un comino a Bush!

A veces tienes el presentimiento que este grupo de eminentes líderes se está convirtiendo en un consejo en intramuros de naciones que de hecho ha reemplazado a la ONU como sede de discusión y decisión. El G-8 de hecho se ha autoproclamado como junta directiva para el mundo; mientras aspirantes a superpotencia, como Brasil, China e India guardan un silencio discreto… y una actitud de espera hasta su “mayoría de poder”.

Mientras el G-8 permanezca en el candelero, y de forma indiscutida, no parece ser necesario que existan otras organizaciones, formales o extraoficiales, cuya misión sea el facilitar la cooperación entre naciones. Cuestiones de derecho internacional, justicia social, seguridad y desarrollo económico encontraran favor, o desaprobación, en la opinión del G-8. Por desgracia, la conducta en el pasado de estas naciones enjuiciadoras que componen este grupo, con la posible excepción de Japón, no auguran nada bueno para la mayoría de los humanos que compartimos el planeta, particularmente los débiles y los pobres.

Para el G-8, la cuestión de pobreza en África, donde el desarrollo económico ha ido marcha atrás por más de una generación, es una, según dicen, de responsabilidad moral y cometido de ayuda. En cuanto a esa ayuda… las formas y condiciones ofrecen una amplia extensión. Y en lo referente a “trivialidades”, tan solo una fracción de lo que se necesita fue prometido… y esto frecuentemente con condiciones que pudieran considerarse conducentes a beneficios económicos para los donantes, y una mayor explotación de aquellos a quienes se quiere ayudar.

Entren los críticos, una mezcolanza que cubre desde los consabidos anarquistas e individuos que abogan en contra de la globalización, a personas del clero. La voz militante de estos críticos, los protestadores, resumieron sus emociones desde el perímetro de Gleneagles con su grito coral dirigido a los mandatarios allí reunidos: “¡Sangre en vuestras manos!” ¿Son estos protestadores descaminados idealistas, radicales “de carrera”; o son acaso personas que ven las cosas claras? ¿Es posible que la avaricia, el derroche y la sociedad materialista de que somos parte nos haya poco a poco nublado la vista con cataratas en los ojos?

Podemos hacer una lista larga de variables que intervienen en crear esta pobreza… desde carencia de infraestructura (económica, educativa y social) a guerras y corrupción. Hasta podemos echar la culpa a iniciativas de miembros del G-8 de exportar armas a estos paises pobres que se usaron en guerras fraticidas, y cuyo costo es parte significativa de la deuda actual. Pero todas estas variables tienen poco rango cuando se comparan a la razón principal, la variable causal, de la pobreza… y esta razón es bien sabida por el G-8 y el WTO, pero a lo que no quieren hacer cara es al comercio injusto, incluyendo la manipulación de los mercados por los paises ricos.

Las naciones pobres requieren que se les de comercio justo (fair trade) y no limosna. Las naciones ricas sin embargo quieren el éxito de las pobres, pero solo si este proviene de riqueza adicional. Renunciar a parte de la riqueza actual, que pudiera ascender a más de $600.000 millones anuales tan solo para los paises de África y Latinoamérica en comercio justo, no es una opción. Ni para EEUU; ni para los otros paises ricos. Es para ellos mucho mejor dar a esas naciones pobres una limosna anual de $10.000 a $15.000 millones, y ser besados la mano, que el dejarlos que requisen lo que es de ellos.

¿Podrán los paises desarrollados aceptar el simple hecho de que casi siempre la pobreza es resultado directo del enriquecimiento injusto?

El resultado final de lo que pasó en Gleneagles, como lo que ocurrió el año pasado en Sea Island, o el anterior en Évian-les-Bains… y 28 lugares antes, está decidido de antemano: cada litro de honestidad “fresca” que se lleva a estas reuniones termina diluyéndosele en un barril de intereses propios. Como resultado, todo y todos en el mundo giran alrededor del poder… y por destino o incumplimiento terminamos siendo poderosos o impotentes. Todos terminamos en bancarrota; los impotentes, insolventes en dólares y euros; los poderosos, insolventes en moralidad.

Es triste que eventos trágicos, como el que ocurrió el jueves en Londres, tiendan a descarrilar nuestra forma de pensar, y nos mantenga con los ojos vendados haciendo batalla al terrorismo… sin darnos cuenta que el terrorismo no es sino un retoño de lo que el Occidente ha sembrado con su política exterior.

Aunque parezca triste, la naturaleza del poder siempre termina ahogando el amor. ¿Continuará siendo así el próximo año en San Petersburgo durante la secuela “Historia de Poder XXXII?”.