Capitalismo global: el mito de una economía de libre mercado

Esta semana pasada fue significativa para los iraquíes con su referendo sobre la constitución-en-propuesta. Y mientras esto ocurría, al otro lado del globo, en California, se establecía otro mojón- esta vez en el recorrido del deporte de golf femenino. Este ultimo en torno a un anticipado fenómeno juvenil en ese deporte con 16 años recién cumplidos, Michele Wie, quien desafiaría durante su primer evento como profesional las figuras máximas en ese deporte. Quizás un deporte irrelevante para una mayoría de los pobladores del planeta, pero algo incidental a nuestro tema.

Michele se convirtió en una chica multimillonaria con tan solo el trazo de su firma mientras Nike, el gigante corporativo en indumentaria atlética apostaba sin reparos en el futuro éxito de este prodigio juvenil. Al mismo tiempo que esto ocurría, Samsung, el mamut multinacional en electrónica, y patrocinador del evento de golf esa semana, era amonestado jurídicamente y multado “severamente”por sus prácticas ilegales de fijación de precios.

En estos días nos convertimos en espectadores, tanto al funcionamiento de la democracia como a la economía de mercado en que opera. Pero… ¿puede la democracia echar raíces bajo la protección de un invasor extranjero, no importa lo poderoso que éste sea?... y ese mercado, tan importante para la democracia ¿es suficientemente libre, sobre todo en una economía global? Preguntas, ambas, que intentaremos contestar después de establecer cierta estructura.

En nuestro intento de alcanzar causas nobles y en esa búsqueda de la verdad universal, frecuentemente nos sentimos predispuestos a aceptar o adoptar un sistema basado en una mezcla de ideas, casi siempre añadiéndolas una medida de esperanza. A la democracia le es fácil capturar las mentes y corazones de la gente aunque no luzca uniforme, ni venga en tamaño único para todos.

Para casi todas las democracias del occidente existen cuatro puntos cardinales en su brújula que apuntan a una esencia democrática, tanto como sistema político, o social; o simplemente como una forma de vida. Estas cuatro direcciones, a las que pudiéramos intercalar una docena o más, definen conceptos esenciales de derechos individuales, soberanía popular, derecho estatal y sociedad participativa. La aguja magnética, como es de esperar, siempre apuntando a ese norte de derechos individuales.

Pero no es la esfera de esa brújula ni sus cuatro direcciones lo que simboliza la democracia occidental; no en su totalidad. El que esta brújula funcione depende de un campo económico, abierto y libre, para obtener su fuerza directriz. Este mercado económico, ha sido, y continúa siendo, juzgado como sinónimo de capitalismo. Pero el capitalismo que experimentamos no es precisamente un sistema económico que se caracterice por libertad en el mercado, algo que podemos observar tanto en escenarios nacionales como en el global. Esto nos trae un dilema que fuerza una decisión: o admitimos que el sistema de mercados opera fuera del capitalismo, o damos otra descripción de lo que es o significa el capitalismo.

Esto último aparenta tener mas sentido. Una economía de libre mercado es en realidad el funcionamiento del sector privado y libre. El capitalismo, según opera [y siempre ha operado] no representa ser un sistema económico, sino mas bien un tipo de conducta que fomenta tan solo la acumulación de capital, algo que puede ocurrir bajo infinidad de sistemas económicos y políticos; en sociedades libres o esclavizadas; en naciones donde el bienestar social tiene preferencia o en aquellas donde se da primacía al éxito personal. Bajo esta definición, el sector privado y libre se convierte en el campo magnético donde las democracias occidentales ambicionan operar, y no en el capitalismo. De todas formas, echando a un lado tales ambiciones, la realidad ante nosotros es el capitalismo global.

En cuanto a mantener un libre mercado, pocas son las naciones democráticas que tengan tantas leyes en vigor para lograr ese objetivo, y reclamen su aplicación, como EEUU. Pero aun con todas esas leyes, y su presunta aplicación, el mercado dista todo un horizonte de ser libre, y abundan las empresas en todo el espectrograma del sector privado que validan esta conclusión… desde el sector de energía, al de farmacología, y casi todos los demás. La relación simbiótica que existe en EEUU entre políticos [de ambos partidos] y las grandes empresas es un hecho descarado, pero a su vez aceptado por la población. El creer que en EEUU existe un libre mercado requiere no solo una selectividad mental muy especial sino también una ingenuidad alarmante.

Y el escenario de mercado norteamericano se duplica en otros mercados.

El esperar que el mercado global… globalismo… o capitalismo global, sea un sistema libre y abierto, cuando se reconocen las deficiencias a nivel nacional o regional, son simplemente ilusiones. No se puede esperar un mercado global libre cuando los mercados que lo componen no lo son. Pero es eso precisamente lo que la élite globalista nos quiere hacer creer.

Volviendo a Nike… y a Samsung… y a las dos preguntas que nos hicimos antes.

En cuanto al referendo, y al posible advenimiento de la democracia para los iraquíes, el mundo entero les desea lo mejor; sin embargo, cabe recordar que la democracia, como la soberanía, no es algo que se regala a un pueblo, sino algo que un pueblo debe reclamar por iniciativa propia.

Para Nike, las expectaciones sufrieron un revés a corto plazo cuando su prodigio, Michele Wie, fuera descalificada en su debut profesional- actuando a juicio de los expertos como una principiante. Pero ese es el riesgo en un mercado libre que Nike asumió. No fue así con Samsung. Aquí nos dimos cuenta que el capitalismo global, no importa lo corrupto o rapaz que sea, tiene poco que temer cuando rompe las reglas- en este caso el habérsele encontrado culpable de la práctica de fijación de precios le costo una multa de $300 millones, práctica que costó al consumidor miles de millones. Algo así como pagar una prima de seguros después de haber ocurrido la catástrofe.

El mito de un sistema económico libre y abierto continua vivito y coleando. Sin embargo la realidad es muy diferente; el mercado ni es libre, ni es abierto, ni funciona para el beneficio de todos. El capitalismo global solo ha sido, y sigue siendo, un bazar evolucionarlo que permite la selección natural entre los capitalistas, demasiadas veces a costa tanto de la sociedad como de aquellos que verdaderamente contribuyen a la creación de la riqueza.