Capitalismo global: definitivamente no es una vacuna contra la injusticia social

Bien fuera por inspiración divina o compenetración con el prójimo, Jesucristo prometió al mundo durante su Sermón en la Montaña que los mansos poseerían la tierra. La injusticia social tan patente en aquellos días continúa en evidencia hoy. La esperanza en lograr esa justicia social solo se concebía entonces como recompensa al sufrimiento temporal… para ser cobrado tras la muerte.

Después de siglos de iluminación creciente, y cierto progreso hacia una justicia social y económica, parece que hemos optado por dar marcha atrás hacia esa vieja cura espiritual: resignación; o quizás esperanza. Si el hombre es incapaz de lograr una justicia social aquí en la tierra, se tendrá que conformar con la que viene “después”.

Para algunos, sin embargo, el capitalismo global trae esa esperanza de cura, a la injusticia económica.

En terminología de resultado final, el capitalismo global ni es panacea ni tampoco una forma de redistribuir riqueza de países industriales al tercer mundo. Tal sistema no beneficiará a las gentes de Monrovia, Londres, Yakarta, Lima (Perú) o Lima (Ohio). El capitalismo global ni mantendrá prejuicios ni traerá beneficios motivado por raza, cultura o geografía. Los beneficios corresponderán a la clase capitalista y nadie más.

Quizás sea necesario poner en claro lo que es capitalismo global. Para muchos posiblemente solo implique el establecimiento casi universal del capitalismo. Pero es mucho más que eso; un sistema capitalista, es cierto, pero además con movimiento libre (sin restricciones, más o menos) para el capital. Un sistema que va mucho más allá del libre comercio en productos y servicios, permitiendo a los dueños de ese capital poder excesivo, y un papel clave, en determinar la fortuna, o desgracia, para individuos, comunidades y naciones… mas una carencia fortuita de control gubernamental.

El virtuosismo de ese capitalismo global nos llega refractado por el prisma de políticos y otros proponentes del sistema que llevan las riendas del poder. Se nos presenta como un elixir mágico capaz de multiplicar el potencial productivo, haciéndose la herramienta favorita para eliminar la pobreza mundial.

Aunque sea razonable el asumir que la suma total de la riqueza creada bajo este capitalismo global sea mayor, abundan indicaciones que demuestran la distribución de la misma será desproporcionada; la pobreza crecerá, en vez de disminuir; y muchos recursos establecidos, e infraestructura, serán despilfarrados en el proceso.

No se puede llegar a una justicia económica a menos que los participantes de crear riqueza estén apropiadamente habilitados tanto a crear esa riqueza como a distribuirla. Bajo el capitalismo global, la importancia de la comunidad laboral se menosprecia; dado que a corto plazo, a diferencia de los otros componentes- capital, recursos naturales y tecnología- carece de movilidad. La mano de obra en una comunidad no puede “telegrafiarse” a otros puntos de la geografía, ni su infraestructura puede ser metida en cajones y trasladada a otro lugar. Tanto el capital como la tecnología pueden desplazarse a la velocidad de un parpadeo. No así el trabajador.

Y si esa movilidad no fuese suficiente para darle ventaja al capital, los dueños a su vez disminuyen la influencia de la tecnología y recursos naturales, comprándolos. Ese es el futuro en capitalismo global que nos retorna al pasado, la lucha entre la comunidad laboral y los empresarios, excepto que los empresarios carecen de la responsabilidad hacia la comunidad, o nación, que tuvieron en el pasado.

En una sociedad que aspira equidad y una constante mejora en la condición humana de sus miembros, tanto el capital como los recursos naturales y tecnología deben permanecer, hasta cierto grado, subordinados a ella… y no al revés, que es la preferencia de los “globalistas”.

El capitalismo global está demostrando no ser la vacuna que ayude a prevenir la injusticia económica. Todo lo contrario; apareciendo atraer una pandemia de altas expectaciones y pobres resultados. Y así como el sistema se probará incapaz de traer armonía social y económica al mundo, es dudoso de que económicamente se desmorone, ni en la tradición capitalista ni en la marxista. Hasta es posible que prospere por un periodo limitado en una sociedad con dos clases socio-económicas; los ricos, cada vez menor en numero según pasan los años, pero en grado progresivo de opulencia; y una pequeña burguesía perdida en el mundo de los pobres.

Capitalismo “laissez-faire” extendido por todo el mundo, libre de controles comunitarios o gubernamentales, evolucionará con el tiempo trasformando el capitalismo global a un feroz monopolio mercantilista de antaño, donde el rico sigue haciéndose cada vez mas rico, y el pobre se mantiene pobre… o se hunde más. Capitalismo de rapiña hasta la médula.

Al socavar valores sociales, sobreponiendo consideraciones económicas a cualquier otra, y haciendo del dinero la forma de determinar el valor del hombre, el capitalismo global se convierte en el verdugo de la democracia… pero este es un tópico que requiere un tratamiento especial.