Sobre la cima de complicidad... nosotros

Las voces combativas del ultra-conservatismo estadounidense, Buchanan, Coulter, Hannity, Limbaugh y el resto de la jauría, tuvo desde el primer día una respuesta al abuso de iraquíes. Tan pronto los medios estadounidenses cambiaron el enfoque de controversia a escándalo, ya les habían asignado a estos policías militares como los mentecatos causantes del problema y la degradación de EEUU y sus militares.

Esas voces rápidamente admitieron a esta minúscula, aunque visible, mancha sobre el uniforme impecable cortado de tela de 100% buenas intenciones. Mientras reprochaban lo hecho por “unos pocos”, lo que verdaderamente les irritó no fueron ni los abusos, ni los autores de ellos. Para estos aprendices del neo-fascismo, muchos discípulos de Strauss, no fueron los incidentes sino la vergüenza sufrida por culpa de unos “imbéciles”.

Entre los conservadores más moderados, y una buena parte del pueblo sin afiliación política, el sentimiento público no se aplacará simplemente pasando a seis pobres diablos ante un tribunal militar. Muchos son los que reclaman que la investigación militar sea a fondo, y llegue hasta donde tenga que llegar. Va más allá de un gesto. Desafortunadamente, se les pide a los militares que se investiguen ellos mismos… y la improbabilidad de una auto-inmolación.

Tenemos además a todos aquellos en las filas del liberal ismo estadounidense, muchos de los cuales piden a los cuatro vientos que se lleven investigaciones tanto de militares como de civiles responsables. Son ya bastantes los que han pasado juicio en el asunto y reclaman jubilación para altos mandos militares, y la dimisión de jerarquías civiles con Rumsfeld al frente. El vocablo del momento, abuso sistemático, parece haber sido adoptado por este grupo. Aun así, los liberales no parecen querer ir más allá. Quizás sientan que Bush está a final de su reinado, y que el pedir que abdique no viene al caso con las elecciones tan solo a cinco meses.

Pero los liberal es se equivocan… y mucho. Un cambio de gobierno en el 2005 no será suficiente para arreglar la situación con tantísimo enemistado. Poner en el poder a alguien que desde su puesto en el Senado diera licencia a que Bush invadiese a Irak, no borrará mucho de lo que ha sido escrito bajo la rúbrica del poderío militar estadounidense. Si existe una forma en que EEUU pueda redimirse ante el mundo, esta sería si el pueblo norteamericano recusara al arquetipo Marlboro en la presidencia. Tal acto resonaría con proporciones épicas hasta el punto que el mundo musulmán nos diera otra oportunidad más. Claro que este es un sueño de dimensiones quiméricas y totalmente irrealizables.

En asuntos internacionales, a los estadounidenses ni les gusta disculparse, ni tampoco ser criticados. No que a otros les guste, pero a los estadounidenses les cuesta mas dar su brazo a torcer. Ni les gusta hacerlo como individuos, ni que lo hagan sus gobernantes. Treinta años después del conflicto de Vietnam, los estadounidenses lamentan que tal guerra haya ocurrido, pero por ciertos motivos: pérdida de vidas y riqueza; y la incapacidad de haber ganado la guerra. El daño que se causó a los vietnamitas es algo que no forma parte de la ecuación. Más humildad y compasión posiblemente trajeran más amigos leales a nuestra nación.

¿Quién tiene entonces la culpa de lo que ocurrió en Abu Ghraib, y posiblemente en otras prisiones militares? ¿Los “seis mentecatos”? ¿El servicio de inteligencia militar? ¿La CIA? ¿Los generales Miller, Sanchez y Abuzaid? ¿Meyers? ¿Rumsfeld? ¿Bush? Ahí termina la cadena de responsabilidad… ¿no es así?

No. La cadena de responsabilidad termina con nosotros, el pueblo estadounidense, que en su mayoría apoyó a su presidente en la invasión a Irak… contra toda lógica y la opinión de casi todo el mundo civilizado. Nosotros, los estadounidenses, llevamos la responsabilidad y por lo tanto la culpa.