Retorno de la hija pródiga

La semana pasada, después de un acto de barbarismo solo posible entre humanos, le cayó en la cara al partido gobernante lo que al cielo escupió.

De pronto nos acordamos que el 90% de los españoles se habían opuesto a la guerra en Irak. ¿Podría alguien esperar un resultado electoral diferente tres días después del escarnio en Madrid? Bueno… quizás, pero solo si el gobierno hubiese conseguido con éxito echar la culpa de este horrible episodio a los terroristas “caseros”, ETA. Pero la verdad no pudo ser ocultada por más de un día, y para la mañana del domingo, las urnas esperaban, y los votantes pedían cuentas políticas no solo en Madrid sino por toda España.

Aznar había demostrado su ambidextraza subyugando el gobierno de España al poder neoconservador de Bush mientras descartaba los sentimientos pacifistas de su pueblo. Las bombas que estallaron en los trenes de Madrid convirtieron una probable victoria del Partido Popular (PP) en una derrota resonante. Un gobierno que aparentaba llevar bien las riendas económicas del país y otras gestiones domesticas, perdió su lustre después de Aznar haber cambiado un deseo personal por una decisión impopular de Estado. La política exterior antes seguida de amistad y respeto hacia otras naciones y pueblos se tiró por la ventana por un mudo empeñado en compartir el escenario con dos tenores afónicos. Un triste comentario hacia Aznar y el partido que secuestró, incluyendo al pretendiente a sucesor en la presidencia, Rajoy.

Nunca me he sentido tan cercano a unos acontecimientos políticos y sus implicaciones como lo he estado en esta situación. En comunicación constante con docenas de amigos, todos envueltos de forma personal y emocional en esta tragedia… analistas políticos, periodistas, personas de diferentes ámbitos sociales y políticos… todos ellos me han ayudado a establecer una visión de este infame 11-M.

Esa mañana del jueves, rumbo a la estación de Atocha para su trayectoria cotidiana al trabajo, mi amigo MP, ingeniero y activista político en el PP, tuvo una butaca de palco para la tragedia épica que tomaría lugar. Intuitivamente supo que ETA no podía ser culpable, “ni una probabilidad entre cien… o entre mil”, me contaba. Aun odiando a ETA, mi amigo madrileño reconocía su incapacidad, no en habilidad sino en deseo, de cometer tal acto… no ha sido su método de aterrorizar durante tres décadas y mas de 800 victimas. Algo que es obvio también para aquellos que hayan seguido sus actividades que semejan las del IRA irlandés, no Al-Qaida y sus progenies.

Pero la desesperación política lleva a compartir la cama con compañeros extraños, a veces raspando los instintos más despreciables y recónditos, y trayéndolos a la superficie. Setenta y dos horas antes de las elecciones este acto terrorista no podía ser interpretado como atentado por musulmanes extremistas… o era decir adiós a la Moncloa y a otros cuatro años de “pepismo”. Sin perder tiempo, el gobierno apuntó el dedo hacia ETA como alta probabilidad. El cuerpo diplomático recibió instrucciones de la ministra Ana Palacio de culpar a ETA en las horas que siguieron a la masacre. Pero, intencionadamente o no, el mal manejo de los acontecimientos, encubrimiento para algunos, terminó saliéndole rana al gobierno.

Mucho ha sido lo que se ha escrito, y se escribirá, sobre la fortuna y desgracias acaecidas a España durante siglos por causa de la grandeza de un individuo, o por la ineptitud de otro. O en el caso de Aznar, la imposibilidad de que un hombre inteligente pueda mirarse a un espejo y no darse cuenta que es convexo.

Son muchos los analistas políticos europeos, tanto de Derecha como de Izquierda, que han dado su parabién al retorno de España, la hija prodiga, al seno de “la Vieja Europa” para consternación del “ministro de guerra” estadounidense, Rumsfeld.

Por contraste, muchos son los columnistas estadounidenses, Will y Friedman entre ellos, quienes ven estos acontecimientos con los ojos cansados y la ignorancia conspicua de siempre. ¿Será acaso su inclinación política ultraderechista, o su despiste total? Opto por lo primero.