¡Qué vergüenza para todos!

Calculé mal estos últimos días cuando intenté llevar a cabo una encuesta con expatriados estadounidenses sobre corrientes políticas. La atrocidad ocasionada a un grupo de prisioneros iraqueses por soldados estadounidenses puso a nuestros expatriados a la defensiva, tanto por la repugnancia del caso como la vergüenza.

Confrontado con el incidente, Bush dijo estar profundamente asqueado, añadiendo que cualquier soldado que fuera encontrado culpable seria castigado… subrayando que el tratamiento de estos prisioneros iraqueses no refleja la naturaleza del pueblo estadounidense.

Sí… la misma fábula de siempre, el 99,99% de los estadounidenses son puros de corazón, y no debe sorprendernos cuando unos pocos estropean las cosas para el resto. Nos gusta dar vuelta a las cosas, a la derrota la convertimos en victoria y sacamos virtud del crimen. El gobierno de Bush ha conseguido una maestría en esta materia, y ahora prepara ya su tesis doctoral.

Bush acentuó que la investigación sobre el supuesto abuso continuaba. ¡Por favor! Que ya han transcurrido ocho semanas desde que se anuncio que seis miembros de una unidad de Policía Militar (Ejercito Provisional) asignados a la prisión Abu Ghraib (oeste de Bagdad) se les acusaban de asalto, crueldad, actos indecentes y maltrato de detenidos. En dos o tres semanas pudiera habérseles hecho justicia… pero no fue así. Si las fotos no hubieran llegado a los medios, poco o nada se hubiera hecho. Ahora que el mundo está en primera fila, no queda otro remedio que ofrecer la obra con una actuación adecuada… probablemente dando una sentencia propicia a estas hienas, en vez de una reprimenda de mala gana.

Cualquier defensa, o excusa, por tal comportamiento que sea basada en el ambiente de Irak carece de merito. La mezcla y multiplicidad de deberes en una guerra asimétrica o de guerrilla, ocupación, liberación y detalles policiales no otorga excusa alguna para obrar de forma tan perversa. O eres una persona decente, o no lo eres.

Los estadounidenses ni son mejores ni peores que otras gentes. Nuestra sociedad es un compendio de personas como lo son otras. De todas formas existe un factor que nos separa un poco de muchas naciones, y es nuestra tolerancia a la violencia… algo que se hace evidente por nuestro apego a las armas de fuego, aunque lo hagamos bajo pretextos “constitucionales” falsos. También el prejuicio, ocasionado quizás por nuestra diversidad.

Nuestros militares, regulares o de complemento, representan en gran parte una muestra representativa de nuestra sociedad, y su comportamiento podrá ser o no aceptable. El establecer un código de conducta militar, bien sea universal o especifico a circunstancias, ayuda pero no resuelve el problema. Soldados que actúan de forma criminal deben ser juzgado por esa conducta, exista o no un código escrito. Soldados que manifiestan prejuicios marcados no deben ser acogidos en el cuerpo militar, ni para cumplir en EEUU, y menos aun para servir en el extranjero. A menos que nuestros soldados reconozcan, y no que solo condesciendan, el hecho de no ser superiores a otros seres humanos, no importa lo diferentes o pobres que estos sean, serán vistos como inhumanos y déspotas. No solo nuestros soldados, sino también nosotros.

En Corea llamábamos “guks” a los nativos; “slops y guks” en Vietnam; “ragjeds” durante la Guerra del Golfo Pérsico. Los iraqueses son ahora “jadllis”, que aunque tenga un significado positivo (uno que ha hecho su peregrinación obligatoria a Meca) se dice en tono despectivo.

¡Que oportunidad perdió Bush al no pedir perdón! En vez de ello, su gobierno acusa a Al-Jazeera y Al-Arabiya, que apropiadamente cifraron este abuso como inhumano e inmoral, de deliberadamente difundir material provocativo.

Entretanto, lo que más aparenta concernir a los medios estadounidenses es el daño a nuestra “imagen”, y no a los crímenes perpetrados. ¿Nos queda algo de vergüenza o dignidad?

¡Qué vergüenza de Bush! ¡Qué vergüenza para todo estadounidense!