Propuesta para el 2004: Identificar al enemigo antes comenzar una guerra

Este gobierno estadounidense nuestro es demasiado rápido en sacar su pistola y, sin identificar bien al enemigo, no pierde tiempo en declararle una guerra incondicional.

Primero fue en Vietnam… luego la guerra contra la Pobreza… seguido de la guerra contra las Drogas. Y ahora es la guerra contra el Terrorismo.

Nuestro dirigentes electos han fallado al no reconocer que las guerras no pueden ser ganadas hasta que no se sepa quien es el enemigo, se le de batalla y quede sometido. Una y otra vez, estos dirigentes ni siquiera llegaron a esa primera etapa: identificación del enemigo.

Sin reconocer sus derrotas, EEUU se retiró de las contiendas contra Vietnam y la Pobreza. Pero continua activo en la guerra contra las otras dos: Drogas y Terrorismo, ambas absorbiendo del país cuantiosos recursos económicos y humanos que acaban en el conocido pozo sin fondo. Nuestro “Quijote de Washington” ha encontrado a sus maléficos gigantes, que otros vemos como molinos de viento; excepto que a diferencia del Caballero de la Mancha, este caballero está cuerdo, y por lo tanto sin redención.

En su terquedad, nuestros dirigentes continúan confusos sobre quienes son los verdaderos enemigos, haciendo con ello que estadounidenses se enfrenten a estadounidenses en una guerra civil de corazones y mentes.

Nuestro gobierno ha llevado por tres décadas la guerra antidroga con una retórica elevada, esgrimiendo sus armas en escaramuzas contra una perpetua señuela: el suministro de drogas… en vez de atacar al verdadero enemigo: la demanda de drogas.

Cuatro presidentes han nombrado sus “zares antidroga” para salvaguardar al país de este vicio devastador. Zares sin clarividencia, desde un auto-ungido moralista, que para muchos no era tal, a militares de alto rango y dudosa experiencia. Durante este tiempo, decenas de miles de millones de dólares ni disminuyeron el suministro de drogas, ni la demanda por ellas.

¡Y eso que nos consideramos expertos en libres mercados!

Mejor que nos olvidemos de otro emperador, rey o zar moralista. Nuestro gobierno debe reconocer, y hacer público, que el enemigo en la lucha antidroga es la demanda y no el suministro. Y atacar a esa demanda con suficientes recursos para diezmarla, y diezmarla de nuevo con un programa multifacético de educación, rehabilitación y apropiada aplicación punitiva. A corto plazo, los fondos ahorrados por no tener que albergar una colonia penal gigantesca que las drogas han creado, podrían hasta sufragar los gastos de un programa en curso que mantuviera al país razonablemente libre de drogas.

En cuanto a la guerra contra el Terrorismo… no les vendría mal a nuestros dirigentes saber por que somos blancos del terrorismo. Sin grandes esfuerzos investigativos descubrirían el porqué del odio… odio, y no envidia. A menos que prefiramos continuar con vendas en los ojos, o en negación continua, la respuesta es clara: nuestra política exterior no es imparcial, no importa como la defendamos o racionalicemos.

Si los dirigentes estadounidenses insisten en mantener una postura farisaica, deben también estar dispuestos a aceptar la censura internacional. Y si los ciudadanos votan a dirigentes que abogan por políticas de hegemonía y acción unilateral, tratamiento prejuicioso hacia pueblos y naciones, y abiertamente declaran a EEUU por encima de la ley internacional… entonces debemos estar dispuestos a pagar las consecuencias.

Si tan solo la administración en Washington tuviera la sensatez de hacer una pausa, ver su comportamiento y optar por lo que es mejor para el país, para todos, el identificar al enemigo sería cosa fácil. Quizás el 2004 traiga esa sensatez y cambie algunas mentes, y algunos corazones. Por lo menos nos traerá importantes elecciones… dándonos una oportunidad de purificación, de renovación humana.

Entretanto, recordemos a nuestros dirigentes, día tras día, quienes son los enemigos en estas dos guerras que estamos librando. Demanda es el enemigo en la guerra antidroga. Y una Política Exterior defectuosa es el enemigo principal en la guerra antiterrorista.