Los pecados de un partido [político]

Después de una o dos elecciones primarias, quizás queden pocas posibilidades para unas “secundarias”. ¡Para los Demócratas!

Los votantes no están recibiendo candidatos “certificados” por el partido Demócrata, con su currículum. Todo lo que tienen es una lista de aspirantes con egos descomunales y el ojo puesto en el Poder… definitivamente poder con mayúscula.

Hasta la fecha el partido Demócrata no ha puesto en claro su posición en esta etapa inicial de las elecciones presidenciales de 2004, así que no debe caer de sorpresa que estos aspirantes a presidente carezcan de una causa en común. Como los cruzados del siglo XI, cuando viene la inanición, no solo terminan comiendo los cuerpos muertos de los sarracenos sino también los de los suyos.

¡Menudo espectáculo de fiesta antropófaga debe ser esto para los mueve-hilos de Bush!

Existen dos medidas con las que se puede definir el éxito o el fracaso del gobierno en Washington: su política domestica y la exterior. La guerra en Irak, el terrorismo, la reducción de impuestos y los cambios en Medicare son simplemente cuestiones dentro del marco de esas políticas. Pero el partido Demócrata aparenta no tener foco, o por lo menos ha fallado en ofrecer una política fundamental a seguir por los candidatos.

Si los Demócratas piensan que su burro puede tirar de un carro con el peso del Arca de Noé, en ese caso mejor que no se molesten y ahorren a sus seguidores la inutilidad de votar en las elecciones presidenciales… ¡las tienen perdidas! Una cosa es abogar por diversidad dentro del partido, y otra es que su anarquía permita cualquier, o en este caso ningún, punto de vista.

Si el partido Demócrata declara que la política exterior de Bush ha sido, y sigue siendo, una política totalmente equivocada, entonces Edwards, Gephardt, Kerry y Lieberman erraron al dar su apoyo a Bush sobre Irak en 2002 en el Senado, o fueron embaucados por los Republicanos. En cualquiera de esos dos casos, y no importa lo honorable que estos candidatos sean, ninguno de ellos merece la designación del partido para dirigir al país, o para influenciar al mundo entero. En su lugar, estos candidatos debieran hacer un retiro, ayunar y expiar sus pecados políticos y así poder demostrar a sus electores su nueva capacidad para representarlos. Ese mismo principio se puede aplicar a la forma en que estos aspirantes defirieron de la Casa Blanca en cuanto a su posición sobre la reducción de impuestos, la legislación Medicare y demás.

Claro que a todo esto la cúpula del partido no dice nada, y de ahí esta masoquista y anárquica reyerta.

O también pudiera ser que muchos Demócratas son de hecho pretendientes a Republicanos, mendigantes de una política “apartheid” con un centro imaginario desde donde se gobierna… un centro donde todos se sientes cómodos pero donde nadie reside.

Algunos renombrados dirigentes y ex-dirigentes han hecho frente a posibles repercusiones dando a conocer sus preferencias para abanderado del partido de Jefferson, FDR y Andrew Jackson. Pero la mayoría no lo ha hecho, esperando quizás a un desenlace durante estas elecciones primarias o, en ciertos casos, pensando que su respaldo hacia algún candidato- que representa su punto de vista, sea contraproducente.

No parece ser que los dos antiguos presidentes Demócratas estén listos para dar al público su opinión. Clinton, el político por antonomasia, probablemente tiene razones muy personales que no le permite hacerlo… pero Carter, el estadounidense mas respetado fuera del país… ¿puede alguien dar una buena razón porqué no lo hace? Los Demócratas necesitan de su sensatez antes de que se auto-inmolen.

Por ahora, los votantes de Iowa nos darán una primera opinión, y hasta quizás una buena dosis de sentido común estadounidense.