Los expatriados estadounidenses (2 de 2)

Eventos trascurridos en estas dos últimas semanas han causado estragos en mi esfuerzo de llevar a cabo una encuesta con expatriados estadounidenses sobre la política exterior de Bush, la lucha en el país contra el terrorismo y las próximas elecciones de noviembre.

El coraje de todos los expatriados contactados, salvo uno, era tal que en vez de una serie de preguntas que pudiera darme el pulso, opté por escuchar sus diatribas y proceder desde allí.

Dicho sea que aunque considere a mis amigos como un grupo con amplia diversidad, no representa una sección transversal de EEUU ya que son casi todos de raza blanca (26 de 27); todos diplomados de universidad, más de la mitad con maestrías o doctorados; y en su mayoría son Republicanos (19 de 27). Sin embargo, excepto por un residente en Israel por más de una década, y con ciudadanías estadounidense e israelí, los otros veintiséis expatriados rompen filas con la mayoría de sus compatriotas de EEUU en casi todos los aspectos.

Todos ven a Bush, y no tan solo por su política exterior, con completo desprecio. Además encuentran su política exterior defectuosa y en gran parte culpable por el terrorismo que proviene de las facciones radicales islámicas. Para ellos, la guerra contra el terrorismo es una simple racionalización de una política exterior ilógica. Y poniendo los puntos sobre las íes, están de acuerdo que nuestra invasión de Irak no fue sino una presentación al mundo, una declaración patente que el colonialismo estadounidense hacia su entrada triunfal… que tras Persia, Roma, España, Inglaterra- además de otros imperios con antelación o posterioridad a esos, ahora le toca el turno a EEUU.

El nuevo “ugly American” (deplorable norteamericano) ha hecho su debut. El reemplazo de ese arquetipo que tanto influenció durante las décadas de los 50, 60, y 70 ha reaparecido con una cara nueva… como colonizador. Este nuevo “ugly American” manifiesta su imprimátur del pasado colonialismo, con su falta de respeto a las costumbres y tradiciones locales, y la humillación a los pueblos derrotados mediante actos denigrantes.

Como explicaba un expatriado, “los que vivís en EEUU no parecéis comprender nada. Aquellos que llevan las riendas del gobierno son los que con sus acciones, declaraciones y política definen el abuso, y sin embargo apuntáis a unos modestos sinvergüenzas como cabeza de turco, y habláis de las violaciones de derechos humanos como si tan solo importase en el aspecto de relaciones públicas”. Sin duda alguna mi amigo se refería a nuestro ministro de guerra (mal llamado de defensa) en el caso de abuso de prisioneros iraquíes.

Una observación dada por muchos expatriados enfoca aquellos en el gobierno que aparecen como voceros de EEUU al resto del mundo. “Hay algo horripilante”, dice uno, “cuando oímos a estos individuos, con uniforme o de paisano, llamar criminales o barriobajeros a todos los insurgentes, nunca patriotas, y nunca victimas que tan a menudo son. ¿Cómo puede un asaltante quejarse de juego sucio cuando su victima decide defenderse del asalto?”

La imagen de EEUU y los estadounidenses… ¿ha sido mancillada por las acciones de unos pocos sinvergüenzas? Nuestra noble cruzada para democratizar Irak… ¿ha sufrido quizás un revés irreparable? Estas preguntas parecen resumir lo que se discute hasta el hastío en nuestros auto-censurados medios, prensa u ondas.

Uno de estos amigos expatriados que reside desde hace más de dos décadas en Alemania tiene una respuesta lista para estas preguntas. “Lynndie England y su grupo de policías militares errantes probablemente reciban su merecido por su inexcusable, sórdido e inhumano comportamiento”, nos dice, “pero no sus articulados colegas de la cima del collar de mando- esos quedaran a salvo, admirados por muchos compatriotas, ya que para el vencedor no existe un Nuremberg, solo para los derrotados, como bien pueden atestiguar los alemanes”.

Poco se puede añadir a lo dicho por este expatriado estadounidense… yo diría que nada.