Los criterios de Mr. Carter para una guerra justa

Hace casi un año, en víspera a la invasión a Irak, Jimmy Carter escribió un artículo que recibió extensa publicidad tanto en EEUU como en el exterior. Una imploración, una última llamada, al razonamiento político y moral que necesitó hacerse entonces, y que debe recordarse hoy. Su titulo: “¿Una simple guerra o una guerra justa?”

Los estadounidenses y sus políticos, en su mayoría y no importa que partido, optaron por tirar el mensaje a la papelera. El ex-presidente, respetado mundialmente por su sensatez, integridad y moralidad, no aparentó recibir ese mismo respeto de sus compatriotas.

En su oposición a la guerra en marzo del 2003, Carter reconoció que Bush había tomado una decisión irreversible en emprender esta guerra, aunque esta violara los mismísimos principios que los EEUU siempre abrazaran en su política exterior. El ex-presidente escribió el artículo “como cristiano y como un presidente que copó con crisis internacionales muy severas durante su mandato”.

De acuerdo con Carter, son cinco los criterios que definen si una guerra es justa. Era su opinión en aquel entonces, con las tropas estadounidenses en la frontera de Irak listas para atacar, que la situación no satisfacía esos criterios.

Primero: “Solo se debe recurrir a la guerra como último recurso, una vez que las opciones pacificas estén agotadas”. Era obvio entonces que existían opciones pacificas que el Consejo de Seguridad de la ONU pudiera haber tomado. Después de un año, esa conclusión no ha cambiado. La urgencia provenía solo de Bush y su camarilla de neoconservadores que tenían todo planeado, haciendo caso omiso a la verdad y hasta a la seguridad futura del país. No olvidemos que fue bajo ese manto de “seguridad” que se inició la guerra.

Segundo: “Las armas de guerra deben poder discriminar entre combatientes y no-combatientes”. Aunque los medios estadounidenses han enmascarado o minimizado el daño colateral causado en esta guerra, bien sea por influencia del gobierno o una auto-censura “patriótica”, el público no es ingenuo. Desafortunadamente asignamos valor a la vida humana con desigualdad (…”uno de los nuestros vale por diez de los suyos”.) Este es un problema de conciencia que preferimos ver con los ojos cerrados. El amor al prójimo promulgado por la humanidad aparentemente no ha cambiado mucho en el transcurso de los años.

Tercero: “Su violencia debe ser en proporción al daño sufrido”. En esto, la conexión entre el ataque del 9/11 por Al-Qaeda y Sadam Hussein fue una mentira denunciada entonces, y nada se ha descubierto en este último año que atribuya credibilidad a un vinculo entre ellos. En cuanto a proporcionalidad… ni siquiera viene al caso. La violencia que inició EEUU fue contra un gobierno que no había tomado parte en hacernos daño. El que ese régimen nos resultase odioso es algo irrelevante.

Cuarto: “Los atacantes deben poseer una autoridad legitima que haya sido sancionada por la sociedad que profesan representar”. Desde que EEUU no recibió tal autoridad de la ONU, menos aun para lograr objetivos tales como el cambio de régimen y la hegemonía en la región, EEUU se auto-sancionó esa legitimidad por medio de un teatro de marionetas bautizado como “la coalición de los predispuestos”. Después de todo, los estadounidenses no atacaban un país, lo liberaban.

Y, quinto: “La paz que se establezca debe ser una mejora evidente sobre la que existe”.

Tan mal como las cosas han trascurrido, quedan todavía muchos capítulos por escribir. Si nuestra intención es convencer al mundo que EEUU invadió Irak para establecer allí la democracia, tenemos frente a nosotros una tarea insuperable. Nuestra democracia “cañón de escopeta” para otras naciones (algo que llevamos haciendo por mas de un siglo) tiene un historial casi perfecto… de fracasos. La paz en Irak está aun por conseguirse… preguntárselo a los iraquíes.

¿Tendrán agallas nuestros líderes políticos, Republicanos o Demócratas, para sacar el mensaje de la papelera y releer lo que escribió el presidente Carter hace un año?