Libertad: Ley suprema de EEUU

Cuatro de julio… esa fecha memorable que nos trae todos los años el recordatorio de lo que nuestro país representa. Desafortunadamente, quizás el mensaje no nos llegue si nos concentramos en como lo celebramos, en vez de que es lo que celebramos.

Desfiles, fiestas campestres, fuegos artificiales y el ondeo de barras y estrellas en la brisa del temprano verano… fantástico todo ello, parte de nuestra tradición; pero eso no representa lo que ha sido, es y esperamos que sea EEUU.

Estados Unidos es acerca de libertad, un arquetipo de constitución que nos enorgullece, y el proceso doloroso y lento de alcanzar la igualdad, el respeto y la hermandad para todos. Por lo menos eso es lo que representa para mí, y pido que así sea para el resto de los estadounidenses.

Milenio y medio atrás, Justiniano, en su intento de codificar las leyes romanas, muchas que ya cumplían entonces el milenio, declaró que “la seguridad del Estado es la ley suprema” (salus populi suprema lex). La primera parte, salus populi, ha sido traducida a comodidad del traductor, desde “seguridad del Estado” a “seguridad del pueblo” a “bienestar del pueblo”. Variaciones todas a un mismo tema. Hasta nuestro estado de Missouri lo lleva como lema.

A cualquier persona razonable, el aceptar uno de estos significados como ley suprema no le parece mal, o fuera de lugar. Y ahí está el peligro. Aceptación por parte de la ciudadanía de esta “ley suprema” ha otorgado y sigue otorgando mano libre a tiranos, dictadores, y aun jefes de estado electos, para controlar las mentes y los actos de sus pueblos. Diciéndolo sin rodeos, para sofocar la libertad del pueblo.

La historia nos ha enseñado como sinvergüenza tras sinvergüenza en puestos de autoridad han usado esta máxima para lograr sus objetivos. Desde la edad de las tinieblas a estos tiempos modernos, donde asumimos que es el pueblo quien manda en una democracia, los engañadores continuamente nos salen al paso. En términos políticos, siempre terminamos dando parte de nuestra libertad (o toda) a cambio de algo que termina siendo un espejismo y nada mas.

Sin ir más allá, el juego de manos, el engaño, empezó con el mismo Justiniano. Un gran contribuidor a nuestra civilización occidental, en derecho, arquitectura, reforma social y administración de gobierno, Justiniano usó esa “ley suprema” para negar que mentes sabias “paganas” o “heréticas” contribuyesen a la grandeza del imperio Bizantino. Para él, adherencia eclesiástica y canónica representaban el bien del pueblo, la ley suprema.

Tomemos en este día de nuestra independencia una breve pausa y juzguemos en que estado se encuentra nuestra libertad; veamos si está siendo erosionada por un gobierno convencido que “la seguridad del Estado es la ley suprema”. Si sospechamos que es así, proclamemos a los cuatro vientos que “la libertad es la ley suprema estadounidense” que en latín, y para Justiniano, se traduciría como “libertas populi suprema lex”. [‘Misurianos’… tomen nota por si quisieran cambiar su lema]