En vez de matrimonio... ¿por qué no conyugio?***

Si hay una cosa que separa a EEUU de otros países industrializados es la prominencia de la religión en la vida estadounidense. Por ello, cuando existe conflicto en la discusión entre ideas religiosas y laicas, nos convertimos en el centro de atención para aquellos en el mundo que sienten curiosidad, y a veces incredulidad, por nuestra forma de obrar.

Ahora que el Tribunal Supremo ha dado su fallo sobre los derechos de los gay, y el tema de “matrimonio gay” es prominente, el país parece estar librando una batalla más que una discusión. Muchas personas religiosas han tocado el arma y están construyendo barricadas. Hasta el presidente habla de pedir acción en el Congreso para legislar una enmienda a la Constitución que proteja al matrimonio de lo que muchos consideran impuro y profano.

Quizás nuestros dirigentes políticos debieran darse cuenta que nuestra sociedad es democrática y laica… no una de tantas teocracias que repudiamos. En nuestro país, democrático y laico, no debieran de considerarse ilícitas uniones entre adultos comprometidos a tales.

En ese caso… ¿cuál es la disputa? Simplemente, si el punto de una relación homosexual es una cuestión de moralidad, legalidad o ambas cosas. Desde que somos una nación de leyes, no de moralidad, la respuesta salta a la vista. No confundamos o mezclemos política, moralidad y religión.

Instituciones religiosas y organizaciones moralistas tienen todo el derecho a pronunciarse sobre cualquier tema que tenga repercusiones morales o políticas. Lo que no pueden hacer es imponer lo moral sobre lo legal. Ni tampoco exhortar a sus seguidores, no importa la magnitud de su número, que influyan a que se promulguen leyes para abolir o mermar nuestros derechos fundamentales y democráticos, expresos o implícitos en nuestro “Bill of Rights”.

Quizás nos ayudase a todos el bajar el tono, y ver la legalización de una pareja entre homosexuales por lo que realmente es. No verlo como una plataforma desde donde se demande un derecho moral, o una forma de aprobación hacia un comportamiento fuera de la norma tradicional. Tan solo como una forma cómoda para que la sociedad pueda lidiar con la concesión y distribución justa de beneficios y privilegios, según determina el pueblo mediante sus leyes. Razones sociológicas y económicas deben ser las columnas que sostienen esta unión, y no otra cosa.

Pero una vez aceptada la legalidad de esta unión entre homosexuales adultos que así lo desean, el gobierno no debe ir más allá y otorgar algo que no es suyo para otorgar. El llamar esta unión matrimonio es llevar el asunto un paso demasiado lejos para muchos, un paso totalmente innecesario.

Institucional y tradicionalmente, la palabra matrimonio se ha reservado para el acto o unión que lleva a la reproducción de la especie humana, y la transferencia de conocimientos y valores a los descendientes. Algo con raíces antropológicas y no religiosas. Aunque podamos llamar familia a cualquier agrupación de personas, merece el que consideremos reservar la palabra matrimonio para una relación orientada a la procreación, aunque tal no sea monógama… comunal, por ejemplo.

Se juzguen o no morales, las relaciones entre homosexuales deben recibir protección total e inequívoca de la sociedad, aunque una mayoría abrumante no apoye o denuncie tal comportamiento. Ese es nuestro sistema laico y democrático de gobierno. Al mismo tiempo, la sociedad, por medio del gobierno, no debe ser permitida otorgar algo que solo costumbres y tradiciones puede otorgar. El matrimonio es algo que ha sido bien definido no solo en términos religiosos sino laicos. El redefinir el significado no solo se presta a confusión, ya que en el peor de los caso impone los deseos de unos pocos sobre aquellos de los muchos.

En vez de matrimonio… ¿por qué no llamar la unión entre homosexuales, unión homosexual? O si es que queremos tener un vocablo burocráticamente simple… ¿por qué no lo llamamos conyugio? Define la relación bien; no es un vocablo despectivo; y quizás mas importante que nada, no usurpa la palabra tradicional que pertenece a otro tipo de unión firmemente establecido; no una unión mejor… o peor… simplemente otra unión diferente.

Individuos gay que contemplan una unión legalizada encontrarían mas dignidad si se encomiendan a un estado de conyugio, en vez de matrimonio… al mismo tiempo que recibirían menos rencor de los que condenan su conducta, dentro o fuera de su relación fiel y amorosa.

***Este artículo fue publicado en inglés el 3 de agosto de 2003, tras el fallo del Tribunal Supremo sobre los derechos de los gay. Se reimprime esta vez traducido, dados los acontecimientos actuales sobre "matrimonios" que están trascurriendo en San Francisco y Nuevo Mexico.