¿Elecciones o referéndum?

Tenemos unos 105 millones de votantes registrados listos para votar en las elecciones presidenciales. Es dudoso que esa cifra crezca mucho para noviembre dado que tanto los políticos Demócratas como los Republicanos aparentan cortejar tan solo al electorado probado: el Centro estadounidense.

En cuanto a los otros votantes “en potencia”, quizás cerca de 100 millones de ciudadanos “olvidados”, la realidad es que no cuentan, que nunca se les ha considerado… por lo menos desde que Franklin Roosevelt fue presidente.

Aprovechar el voto de los que ahora no forma parte del electorado, por disuasión o indiferencia, nunca ha sido una opción para los Republicanos, ni lo es ahora. Seria algo así para ellos como buscar tulipanes en un campo de margaritas. Y los Demócratas aparentan estar faltos de interés en agrandar las filas de su partido. Les parece mucho más fácil, y menos controversial, el esperar su turno al pesebre… un turno que llegará dado que los grupos monopolistas de intereses privados se rigen por el sistema de “duopolio”, con oportunidad para ambos partidos.

Un amigo, profesor de ciencias políticas y además analista-experto de estadística, me contaba hace seis meses que el país no estaba dividido de la forma que la población pensaba. No es una bisectriz lo que lo divide, sino una “trisectriz”, de acuerdo con él. Se refería a los tres grupos que comparten aproximadamente el 95% del electorado. Aquellos que no se registran, y votan, no cuentan para nada en términos políticos.

Según mi amigo, tenemos tres agrupaciones en la política estadounidense con un rol (Verdes y otros partidos apenas representan un 5% del voto) cada una de ellas con aproximadamente 35 millones de seguidores: Republicanos fieles, Demócratas tradicionales y el grupo “Veleta”. Miembros de los dos grupos primeros se les considera inmutables, incontrovertibles y comprometidos políticamente.

Se espera que estos dos partidos políticos batallen por la adhesión de los 35 millones “Veleta” cuyo voto determinará a final de cuentas quien llevará las riendas de gobierno. Anuncios políticos y enfoques de los medios influyentes ayudaran en el cambio de opinión de estos, como lo harán eventos críticos que surjan… pasados, claro está, por el cedazo y colorido de esos medios.

Los llamados Demócratas tradicionales puede que sean inmutables e incontrovertibles como los Republicanos fieles, pero no en cuanto a su compromiso político como lo son sus colegas Republicanos. Algo inaceptable en el Partido Demócrata en una época cuando carecen de liderazgo carismático. Este turno del 2004 es uno para los Demócratas en que las figuras principales del partido no aparentan dar la talla. Dean no tuvo el apoyo de los “movedores” del partido que encontraron la excusa de su incapacidad para poder derrotar a Bush, y la consecuente desintegración de su candidatura. Esto hace que ahora el partido quede ensillado con Kerry, un político consumado de lo que para muchos es el escenario putrefacto de Washington.

La semana pasada, con Kerry manteniendo una mayoría de delegados en su bolsillo, “los grandes” del partido tuvieron que demostrar unidad ante el país, abrazando tanto a la candidatura de Kerry como al candidato. Ahora tan solo hace falta que tanto el partido como el candidato repudien y renuncien a todo aquello que peque de “liberal", real o imaginario. No importa que Walter Cronkite les haya advertido de no renegar de sus raíces. Pero para atraerse a los “Veleta”, los políticos Demócratas creen que deben negar todo lo que aparente progresismo… como Pedro negó a Cristo.

Entretanto, este fin de semana en Oregon, Dennis Kucinich, uno de los pocos políticos progresistas que quedan en el país, trataba de inyectar una pizca de conciencia social en la plataforma del Partido Demócrata. ¡Continua soñando, Dennis!

Hace una eternidad que en EEUU no surge un candidato del pueblo para la presidencia. Cada día que pasa no hace sino confirmar para muchísimos que estas próximas elecciones no serán sino un referéndum.