El "duopolio" político estadounidense (parte 3 de 3)

Ni siquiera nos ha llegado la primavera y ya estamos hablando de lo muy reñida que será la elección presidencial donde una cuarta parte de nosotros determinará el futuro de todos. Nuestra política donde olivo y aceituno todo es uno.

Tanto los expertos políticos como los medios nos dicen que la nación esta dividida en dos tajadas ideológicas iguales. Pero los hechos nos indican que tal no es el caso. Apenas la mitad de los estadounidenses, aquellos que votan, están divididos a partes iguales. La “otra mitad” que no vota- cualesquiera que sean sus motivos, espera ese liderazgo que les de una esperanza política en la que puedan creer. El país esta dividido, cierto, pero definitivamente no en dos mitades.

Adelante, Ralph Nader. ¡Adelante, por favor!

Nader no es un moralista ungido por si mismo, del tipo de Jerry Falwell, Pat Robertson, u otros merodeadores espirituales. Sin embargo su participación todos estos años en causas de interés publico ha puesto en evidencia su importante contribución tanto a la democracia como a la moralidad en EEUU; una contribución que palidece la de cualquier otra persona en la historia de nuestra nación. Una Madre Teresa para algunos, pero en otra esfera.

Por lógica esta enorme participación personal, esta inmersión total, y por tanto tiempo, le ha creado muchos enemigos, todos críticos, listos para exagerar sus flaquezas y menospreciar cualquier virtud o talento.

El consentimiento de los estadounidenses en inmolar a sus verdaderos caudillos llega al punto de poder racionalizar su crucifixión. Los medios estadounidenses nunca han encontrado difícil “poner en su lugar” a aquellos que obstaculizan sus intereses, o los intereses de sus dueños. Por años tanto el Wall Street Journal como el New Republic han llevado la vanguardia en pintar a Nader como un villano. No se podía esperar otra cosa.

¿Por qué alegrarnos de tener a Nader en el ruedo político? No hay nadie tan capacitado como él para ser el Flautista de Hamelin para tanto desilusionado en el país. El partido Democrático probablemente tenga en sus filas individuos de principios listos para ayudar en la transformación del partido, pero ahora no les es permitido “volar solo”. Los tradicionalistas del partido no les permitirían salirse del nido centro-derechista donde ahora residen… vedse lo que le pasó recientemente a Howard Dean.

Así que si el partido Democrático ha de cambiar, y llegar a ser el verdadero centro progresista en la política estadounidense, el cambio debe venir de fuera y no de dentro.

Por ahora el 60% de los estadounidenses son los que deciden el destino de todos, y de ese 60% quizás solo una mitad cosecha los frutos sociales y económicos, mientras que el 70% del pueblo ejerce su libertad lamentándose en una cámara de desesperación donde no hay eco… en una nación insonora a causa de un “duopolio” político que solo reacciona a las necesidades de aquellos intereses especiales que lo soportan.

Si Nader es capaz de atraer a una cuarta parte de esa ciudadanía que no vota, la política estadounidense tomaría otro cariz. Surgiría un “duopolio” significativo. La posibilidad de 15-20 millones de seguidores “entregados” en octubre por Nader al candidato Demócrata, pondría un final al neo-conservatismo Republicano (caracterizado como neo-fascismo por muchos en ultramar cuando se refieren a la camarilla que rodea a Bush). Esta “entrega” de votos al partido Democrático debe ser hecha por Nader sin condiciones.

Algunos estadounidenses continúan en su creencia que nuestro sistema bipartito funciona a las mil maravillas. Otros admiten que existen puntos débiles en este “duopolio” y demandan un reglaje. Pero más y más estadounidenses encuentran apremiante que este vehículo político nuestro reciba un arreglo mayor y hasta muchos prefieren quitarlo de circulación.

¿Es Nader el mecánico que necesitamos? ¿Está listo el partido Democrático para este arreglo mayor en su motor? O… quizás nos convenga comprar coche nuevo, un tercer partido, antes de que nos autodestruyamos y terminemos como país tercermundista...