El "duopolio" político estadounidense (parte 2 de 3)

Cualquier afirmación sobre la existencia de un sistema bipartito en Estados Unidos se juzga por mis amigos extranjeros como ridículo o con desdén. Republicanos y Demócratas, dicen, no son sino dos mechones de una melena que se entrelazan para formar la perfecta trenza monopolista. Es por lo que el progreso social en nuestro país es tan limitado, o que pueda haber un cambio en nuestra partidaria política exterior, según ellos. Y el definir un partido como conservador y el otro como progresivo o liberal es algo disparatado. Ven a ambos partidos como carrozas en un desfile para el consumidor, en procesión constante en una sola dirección, Centro-derecha, no importa las preferencias personales de sus políticos.

Si el ochenta por ciento del electorado se congrega en ese templo Centro-derechista donde anticipamos van nuestros políticos a dar sus sermones, no es de esperar que esto de paso a una política de cambio. ¿Qué puede entonces hacer un candidato que ve la necesidad de cambio para ser elegido?

Por lo pronto, le ayudaría inmensamente el que insistiera que este juego de cartas político se jugase con una baraja nueva, y no la existente que permite fullerías. La composición actual del electorado, aquellos que están registrados y terminan votando, es una baraja que siempre trae los mismos resultados.

De los 217 millones de residentes en EEUU con edad de votar, 195 millones probablemente califiquen para registrarse por virtud de su ciudadanía y otros requisitos. Sin embargo, el electorado hoy es de menos de 110 millones. ¿Los otros 85 millones? A decir verdad, a 15 millones probablemente la política les trae al fresco. Pero los otros 70 millones, ahora marginados, podrían muy bien incorporarse al electorado.

Este potencial de 70 millones son las personas dejadas atrás: los pobres, los idealistas, los políticamente agriados por motivos raciales u otras razones sociales, y una buena parte de la juventud inmotivada. Son los que te miran con incredulidad cuando les hablas de EEUU como el país de la oportunidad y justicia social. Algunos son orgullosos, otros humildes; unos son viejos, otros jóvenes; algunos de ellos viviendo de esperanza, otros sin ella… pero la mayoría con un potencial de ser miembros productivos para esta sociedad, no solo en el aspecto económico sino también en términos sociales y políticos. Eso es, si les permitimos, si les incluimos en ese sueño americano.

Cualquier candidato progresista con corazón y seso reconocerá el potencial de riqueza política ahora latente, el potencial de votos. Hasta ahora, los Demócratas han hecho poco para aprovechar este gran recurso… quizás pensando que de hacerlo, de poner una cara mas humana, podría restarles votos de aquellos que se suponen votan el llamado centro.

Desde 1960, cuando la participación del voto fue mas alta durante la campaña Kennedy-Nixon, hemos visto una disminución de casi un 20%, en momentos cuando las cuestiones políticas demandan un compromiso mayor. Sin duda alguna, muchas personas se sienten desechadas, leprosos sociales y económicos dentro de nuestra sociedad.

Quizás Nader podría ser el flautista de Hamelin para 10-30 millones de nuevos votantes, entre los 70 millones de marginados, que engancharían sus vagones al tren Democrático para conseguir dos cosas. Una: negar a Bush, por segunda vez, la elección a un cargo para el cual ni estaba ni está culturalmente, mentalmente o compasivamente calificado… y hacerlo esta vez de forma convincente de manera que el Tribunal Supremo no tenga que intervenir. La otra, y tan importante: tallar una vez más en el Partido Demócrata una muy necesitada conciencia social.

Nader al mando de un flanco del ejercito anti-Bush pudiera traer a EEUU una forma de “duopolio” aceptable, algo que tanto se necesita. ¿Puede Nader ganar la confianza de unos cuantos millones de personas desahuciadas por el sistema político actual? ¿Está listo el Partido Demócrata para redefinirse como el partido inclusivo del centro progresista, y no una sucursal Republicana del Centro-derecha? O… de no ser así ¿Sería quizás mejor, y más duradero, el crear un tercer partido… un partido de esperanza, aun con el riesgo de tener en la Casa Blanca al Robin Hood para los ricos por otros cuatro años? [Próxima semana: parte 3]