Dos caras de la maldad: odio y desdén

Faluya, ciudad santa para algunos, lugar de horror inhumano para otros… vértice suroeste del triangulo sunita, donde cuatro civiles estadounidenses perdieron sus vidas y sus cuerpos profanados la semana pasada. Mogadisu una vez más once años después, a cuatrocientas ligas norte por noreste.

Una buena parte de la prensa mundial condenó esta conducta bárbara, pero la censura que escuché o leí no fue mas allá de eso. La posibilidad de represalias se limitó a los medios del país, particularmente aquellos que hacen coreografía de las exultantes virtudes del gobierno de Bush, y llevan la heráldica invisible de Halcones rampantes sobre las barras y estrellas que adornan sus solapas.

El grupo “let’s nuke them” (aniquilémosles) no es una aberración de la sociedad estadounidense, mas bien un elemento vocifero de la corriente principal en el país que no solo incluye al enemigo extranjero en su lista de aniquilar, en este caso los sunitas, sino también a los compatriotas estadounidenses “liberales”.

Déjalo de la mano de Kathleen Parker para “arrasar” el Triangulo Sunita, “… pero es que no somos animales”, nos dice en su último artículo, excusando ese impulso de venganza. ¡Menudo comedimiento de nuestra parte, Miss Parker!

Para una buena parte de la prensa extranjera, tan desdeñables como fueron estos actos, era el odio lo que iba a la vanguardia de lo ocurrido… odio a EEUU. Pero el nivel de criticismo para estos hechos infames no ha sido muy diferente del dado a los estadounidenses por su comportamiento durante la guerra (bombardeos) y posguerra (redadas militares que denigran el decoro musulmán). Los iraqueses, por lo menos los insurgentes y sus seguidores, nos indican su odio… mientras al invasor estadounidense se le acusa de una forma mas sofisticada de odio, reflejado en su arrogancia o desdén.

Proclamamos valorar la vida y el decoro. Pero para aquellos mas allá de nuestras fronteras, la vida que valoramos es la nuestra… y lo mismo con el decoro. Hace unos meses ocurrió una situación similar. Esa vez fue un grupo de españoles (agentes de inteligencia vestidos de paisano) los muertos y profanados, de lo que apenas se hizo caso en los medios estadounidenses.

Por razones inexplicables esperamos que nuestros enemigos se rijan por nuestras reglas de combate. Poco importa que el duelo se tenga que hacer bajo nuestras condiciones y de que solo a nosotros se nos permita el poseer armas mortales.

Insurgentes, patriotas y aquellos en disconformidad son todos de hechos para nosotros terroristas si insisten en nivelar las condiciones de combate, que en su forma de ver les fuerza a actuar furtivamente usando el terror como arma.

Es precisamente esa actitud, algo normal en la Plaza Mayor del pueblo estadounidense, la que trae esa elección catastrófica de “nosotros-ellos” donde los estadounidenses defienden muchas veces lo indefendible, como fue la guerra de Vietnam, y ahora el auto-fiasco de Irak.

Hasta que no se nos quiten los humos continuaremos viviendo solos en esta isla en la que el mundo es el océano que nos rodea y eventualmente nos sumerja. Los romanos esclavizaron a muchos de sus enemigos cuando los liberaron de sus “costumbres bárbaras”. En estos tiempos de armamentos holocaustitos aparentamos tratar de superar a los romanos.

Al final de cuentas, la cara de arrogancia o desdén puede ser tan repugnante como la cara de odio. Ambas caras se ven en el mismo espejo donde el cristal refleja solo la cara de maldad. La pregunta debe ser si somos “nosotros” o son “ellos” los que se ven en el espejo. Hasta que reconozcamos y aceptemos que “nosotros y ellos” son personas, de igual valor y dignas del mismo respeto, la maldad no será un imperio extranjero… mas bien un imperio que nosotros escogemos.