Alan Greenspan, Economísta-Astrólogo Laureado

El gran dramaturgo griego, Eurípides, declaró hace veinticinco siglos que entre los mejores videntes está aquél que adivina bien.

Hoy en EEUU, para poder satisfacer a ambas alas de nuestro único Partido del Consumidor Estadounidense, las predicciones hechas por bola de cristal deben ser a su vez política y patrióticamente correctas. Y nadie hace eso mejor que nuestro Adivino-en-residencia, economista emérito e inigualable Alan Greenspan.

Apacible, con un tono político verbal adecuado, Greenspan continúa asombrando tanto a los novatos en economía como a los expertos. Con porte elusivo y poco comprometedor, pone su juego entre tres aguas, las consabidas dos, mas el otro agua oculta donde sumerge sus cartas. Sin lugar a duda hace justicia a los que aseguran que ésta no es sino un arte oculto; y, como Nostradamus en su tiempo, lo hace de maravillas.

Aparentemente el suave comentario sobre “exuberancia irracional”, describiendo el entonces ascenso vertiginoso del mercado NASDEQ, fue suficiente para salvar las apariencias, aunque unos meses después se convirtiese en una perdida (en papel) que superaba los $8 billones (12 ceros) en el valor de acciones. Ni profecías, ni advertencias… nada. Greenspan solo siguió una ruta ya bien alquitranada.

Pues bien, esa burbuja estalló, aunque parece que ha tomando vida de nuevo en el 2003, aumentando los valores de la bolsa en unos pocos de billones “irracionales”. Díganos, Sr. Greenspan, ¿no hay quizás otras burbujas que pudiesen estallar… o es acaso políticamente imprudente el que nos lo advierta?

¡Por favor!... que esa burbuja de sobre valorados bienes raíces salta a la vista en lo que aparentemente sea un aterrizaje forzoso.

Aun los economistas aficionados, no doctorados en la materia, pueden ver las señales clásicas de una burbuja en la sobre estimulada impaciencia por comprar bienes raíces. La baja tasa de intereses ha enrevesado el mercado de la vivienda, dando acceso a mayores prestamos… que a su paso han traído aumentos de precio y la compra de viviendas de mayor tamaño, con consecuencias de gastos adicionales, incluyendo impuestos.

En menos de dos años hemos visto la tasa de descuento ser reducida por el Federal Reserve del 6,50% al 1,25% tras el colapso de la economía hinchada PRE2000. A corto plazo indujo una recuperación económica mas acusada, pero a un precio que aun no conocemos, particularmente en lo que afecta a la vivienda.

El aumento en el precio de la vivienda ha dejado atrás a los otros componentes de la inflación en un 50%, eso en menos de una década. Y esos precios fueron aumentando año tras año con mayor rapidez que el aumento de ingresos. Eso no linda con lo absurdo… ¡lo traslapa! Para colmo, los precios de la vivienda van, por mucho, a la vanguardia de las rentas, lo que sugiere el que la gente compra propiedades no como vivienda sino para especular.

La coreografía en el mercado de bienes raíces es hoy la misma que existió en Wall Street hace cuatro años. Agentes de bienes raíces bailan hoy a la misma música a la que agentes de la bolsa, banqueros inversionistas y analistas de Internet bailaron en 1999. Especialmente alarmante son los “dinámicos” tasadores de vivienda que hacen posible con sus evaluaciones el que compradores puedan comprar viviendas a precios increíblemente altos. (Tristemente, a tasadores honestos y profesionales no les queda otro remedio que emularlos.)

Esta burbuja de la vivienda es una burbuja dentro de otra burbuja. La “burbuja madre” es simplemente la que el Fed lleva creando por años para satisfacer a nuestros políticos, y a nuestra irresponsable mentalidad de corto plazo. Hay decenas de billones (doce ceros) en deuda creada por el país… en el ámbito personal, corporativo, municipal, estatal y federal. Esa es la burbuja aterrorizante que algún día ha de estallar, y todo por no confrontar los problemas cuando aparecen, como en el balance de comercio exterior, valorización del dólar, y el futuro crecimiento de nuestra economía con respecto a otras ascendentes en el mundo como las de China, Brasil y una docena más.

Este no es el mismo problema de los tulipanes que tuviera Holanda en el siglo XVII. Nuestro mundo es totalmente diferente aunque continuemos con esa mentalidad de manada. Necesitamos economía-verídica, Sr. Greenspan, y no otra consulta al horóscopo.