¿Qué hubiera hecho Kennedy?

Acaban de cumplirse cuarenta años desde que Kennedy fuese asesinado en Dallas. Con referencia a bodas es el aniversario que marca el rubí, algo muy apropiado ya que fue Jack Ruby quien silenció a Oswald, previniendo así tanto a EEUU como al resto del mundo poder llegar a la verdad sobre este trágico evento. En su lugar, no nos queda otro remedio que acatar el sospechoso Documento Warren o una de las innumerables teorías de conspiración nacidas de este inoportuno desahucio del poder.

Ese día y a esa hora estaba estudiando para un examen de Macroeconomía. Al llegar la noticia, tanto yo como la mayoría en el país nos mantuvimos pegados a la pantalla de televisión escuchando los sonidos de dolor, angustia y desesperación orquestados de forma improvisada por la batuta de Walter Cronkite. Imágenes afligidas y lamentos sonoros llenaban las ondas de una nación conmocionada, de una nación que no comprendía el porqué de esta muerte prematura.

Con apenas mil días en la presidencia, Kennedy había llegado lejos en transformar el alma de la nación, habiendo ya capturado el corazón de su juventud. Había logrado con éxito resolución a una crisis en política exterior que aparentó por un momento traer el juicio final, librándonos de él. Pero tan importante o más, Kennedy nos enseño a soñar; a tratar de alcanzar las estrellas; a mantener la esperanza y luchar por un país mejor, por un mundo mejor.

Kennedy trajo frescura, verdad, esperanza, identidad y determinación para aquellos con un corazón tolerante y receptivo. Nos enseñó las grandes posibilidades en que el gobierno podía ayudar a los ciudadanos… sin conflicto social, sin usurpar los valores de iniciativa privada, sin llevarse parte del individualismo estadounidense. Kennedy, como ningún otro presidente antes o después, había inculcado en los ciudadanos lo que es orgullo y patriotismo sano.

Quizás fuese más fácil el romantizar a un líder carismático en 1963, vestido como estaba con un manto de silencio y respeto por los medios informáticos. Flaquezas humanas no eran aceptables como diversión, por ahogar con ello la capacidad de gobernar o las virtudes políticas.

Ahora, cuarenta años después, dada la crisis por la que el país está pasando ¿qué hubiera hecho Kennedy, particularmente en lo referente a política exterior?

Por lo pronto, Kennedy no hubiera actuado siguiendo solamente el consejo de un individuo, ni hubiera considerado a nadie a su alrededor como mentor infalible. El era siempre su propio hombre que aunque escuchaba, también ponía en duda los consejos de sus asesores. No era un Luis XIII listo para ser convencido por un maléfico Richelieu.

El no hubiera reaccionado impulsivamente a eventos sin reflexionar, sin primero indagar las causas que motivaron los actos, sin descartar a priori posibles motivos.

Kennedy no hubiera tratado el tema de la guerra de forma casual, habiendo sido partícipe en una, y sintiendo una aversión total al conflicto armado, guardando esta posibilidad como último recurso.

El no hubiera puesto a otras naciones en ridículo, ni mostrado desdén por los consejos de sus gobernantes, particularmente de naciones hermanas, de aliados de antaño; ni tampoco hubiera actuado con prepotencia y arrogancia, avergonzando a los estadounidenses con referencias pueriles a “el mal”.

Kennedy no hubiera mentido al pueblo estadounidense para así poder obtener su apoyo en una triste cruzada; ni ennoblecer una causa que de noble no tenía nada, bajo el pretexto de lucha contra el terrorismo o de establecer la democracia en Oriente Medio.

El no se hubiera apartado de una política exterior que sirvió bien y por largo tiempo a la nación. Nunca hubiera descartado los principios de paz y cooperación, dejando que continuasen como cimientos para la política exterior de EEUU, mientras mantenía la predisposición a trabajar con la ONU y lograr consentimiento multilateral.

Kennedy no hubiera instituido una política doméstica que permitiese aumentar la distancia entre ricos y pobres; ni la perdida de trabajos que puedan restar dignidad a los estadounidenses; ni la falta de acceso a un sistema de salud para todos; ni la total indiferencia al medio ambiente; ni la inadecuada administración de un gobierno encargado del patrimonio nacional para futuras generaciones.

De forma indirecta, lo que Kennedy hubiera hecho como cuadragésimo-tercer presidente de los Estados Unidos es simple: todo aquello directamente opuesto a lo que Bush hasta ahora ha hecho.