Preámbulo a las Cruzadas Estadounidenses

Según algunos historiadores, Europa Occidental adquirió su mayoría de edad en tiempos medievales como resultado de los inesperados éxitos obtenidos durante la primera peregrinación armada a Tierra Santa: la Primera Cruzada. Por lo menos, tal épica empresa tuvo un profundo efecto en erosionar algunos aspectos del feudalismo.

Nueve siglos después, también se le pide a los Estados Unidos que llegue a su mayoría de edad. Ideólogos seguidores de los cánones neoconservadores, quienes están bien adentrados en la administración de Bush, quieren que los Estados Unidos ejerzan hegemonía en el mundo, comenzando con el Oriente Medio. ¿Cómo? Estableciendo una posición militar en la mismísima cuna de la civilización bajo el pretexto de auto-defensa (ADM), combatir al terrorismo (enlaces con Al Qaeda) o llevar la democracia a esa región. Escoge… una o todas esas razones.

En 1095, el papa Urbano II proclamó un concilio de obispos y abades, además de un grupo selecto de caballeros, en Clermont de Auvernia (Francia) donde pronunció el discurso que le hiciera famoso. Con intensidad, describió a la concurrencia como los turcos Selyúadas habían profanado y contaminado los altares de la Iglesia, circuncidando a cristianos, cortando sus entrañas… y una letanía sinfín de acciones repugnantes. En esa reunión nació la inspiración para las cruzadas con el grito de guerra Deus vult! (¡Dios lo quiere!)

Nueve siglos después, el presidente Bush II, sin la elocuencia de Urbano, recibe del Congreso el poder para declarar la guerra contra Irak, una nación tunante; un vértice en el triangulo de maldad; una amenaza a sus naciones vecinas y a los EEUU; un país gobernado por alguien despreciado por su padre. El grito de guerra esta vez era Novem úndecim! (¡Nueve once!)… aunque muchos cínicos prefieren cambiarlo por Oleum indigeat! (¡El petróleo lo requiere!)

El comienzo de las cruzadas encuentra a Europa ebria con ingenua Cristiandad y lista para seguir las órdenes del papa a ciegas y confiadamente, mostrando a estos últimos años del Siglo XI como una época de hombres ignorantes y confiados sin una pizca de escepticismo. Con seguidores incondicionales, y una petición de ayuda de Alejo Comneno, emperador bizantino, Urbano dio su bendición a la primera expedición contra el mundo musulmán, que no era una amenaza para la Cristiandad sino tan solo un chivo expiatorio para el papado.

Nueve siglos después, el presidente Bush reanima a los estadounidenses en torno a la bandera con mentira tras mentira (… dejémonos de llamarlas, por cortesía, exageraciones) hasta que estos rindieron la esencia de hombres civilizados: su habilidad de preguntar y razonar. Con la ciudadanía incondicionalmente a su lado, y una continua mano tendida para Ariel Sharon, “el otro emperador judío-cristiano”, Bush dio su bendición a la invasión de Irak, que no era una amenaza para sus vecinos o para los EEUU, sino una nación gobernada por un dictador cruel listo para ser el chivo expiatorio para los Estados Unidos.

Ambos el papado y los nobles de la Cristiandad vieron esta aventura, las cruzadas, como una forma de servir tanto los intereses religiosos como los seculares y militares. Un camino, pensaron, por el que los europeos podían extender su alcance a Outremer (Ultramar). Un camino a seguir, en cuanto al papa Urbano, para unificar la Iglesia Griega con la Romana, y encontrar solución al cisma que existía.

Nueve siglos después, el gobierno de Bush y los estrechos intereses corporativos a su entorno ven en esta cruzada la forma de combinar intereses políticos con otros de carácter comercial o militar. Una forma de mostrar al mundo la “América decisiva”: una superpotencia única. Una forma para Bush de sanear todos y cada uno de los aspectos socio-económicos del país… hacerlos conformar a las ideas depredadoras y darvinianas de justicia social.

Los cruzados tardaron más de tres años en llegar, cercar y conquistar a Jerusalén. Casi siglo y medio de luchas y desilusiones vio como los pueblos europeos se trasformaban de ignorantes a poblaciones mucho mas civilizadas.

Nueve siglos después, las tropas estadounidenses llegan y entran en Bagdad, pero no pueden conquistar los corazones y las mentes de la población iraquí. ¿Tardaran mucho los estadounidenses en alcanzar el nivel de desilusión de sus colegas europeos? Esperemos que no. El esclarecimiento no ha de tardar no importa por qué camino venga, moral o económico… o la elección que se aproxima en menos de un año.

Hegel dio en el blanco cuando proclamó que “gentes y gobiernos nunca han aprendido nada de la historia”. Algo aun más difícil cuando aquellos a la cabeza de un gobierno jamás han leído un libro de historia.