Patrióticamente Incorrecto

No ocurre a menudo que uno puede asociar el fin de una era y el comienzo de otra con una misma persona. Bill Maher, irreverente pero simpático, es esa persona.

Apenas a la semana de haber ocurrido la tragedia del 11 de setiembre, Maher, presentador de televisión del programa Políticamente Incorrecto, puso objeciones a la caracterización por Bush de los piratas del aire como “cobardes”. Ese vocablo, en cuanto a Maher se refiere, podría aplicarse mejor a los norteamericanos que lanzan ataques de proyectiles teledirigidos. Tal comentario no solo se designo como “políticamente incorrecto” sino también “patrióticamente incorrecto”. Rápidamente, las principales empresas patrocinadoras negaron su apoyo al programa, así como estaciones de la cadena ABC.

Fue en ese entonces que lo “políticamente correcto” empezó a desempeñar un papel secundario a lo “patrióticamente correcto”. De la noche a la mañana se les pidió a los estadounidenses que vieran la realidad de un mundo dividido… nosotros y ellos, quienes “ellos” fueran. Era el comienzo de una guerra especial y todo el país había sido reclutado para pensar y actuar de la misma manera.

Dos años después, las milicias patriotas siguen al acecho en uniforme de gala. Y el aviso dado desde su púlpito por el vocero de la Casa Blanca, Ari Fleischer, todavía reverbera: “Advertimos a todos los americanos que deben medir lo que dicen, medir lo que hacen, y que en estos tiempos, comentarios como esos (de Maher) sobran”.

Este país que llamamos Estados Unidos de América no es solamente para miembros de una raza, o ciertos orígenes étnicos; ni es tampoco para aquellos con ciertas creencias, religiosas o irreligiosas; ni es el dominio exclusivo de ningún grupo o afiliación política; y, con certeza, tampoco es un simple símbolo: una jura de lealtad, una venerada bandera, una canción nostálgica o cintas de colores patrios.

Este país es la suma de sus ciudadanos, todo y todos: las aspiraciones del pueblo; y, lo más importante, es el milagro de aceptación y tolerancia para vivir en armonía con todas nuestras diferencias. Uno de muchos, “e pluribus unum”, es nuestro lema. Nuestro punto de referencia, nuestro génesis, es uno: la Constitución.

No, Reverendo Falwell, estos Estados Unidos no son una nación judío-cristiana, aunque Vd. así lo quiera. Si le interesa saberlo, nuestros autores de la constitución eran en su mayoría deístas que hicieron lugar para todos en ella; sí, incluso para los Evangélicos.

El uso de patriotismo para denunciar opositores políticos es una retórica ínfima, vacía y emocional. Como lo es el uso de palabras tales como traidor y traición para describir cualquier tipo de disidencia política- palabras que están siendo usadas por quienes no debieran dados sus conocimientos, o por patrioteros que carecen de ellos.

Se ha dicho que en momentos de dolor e ira enfocamos nuestro patriotismo en símbolos y no en sustancia. Un verdadero patriota sabe cuando alabar al gobierno, y cuando criticarlo. Un verdadero patriota se mantiene constantemente informado y no desconoce la historia. Un verdadero patriota demuestra su patriotismo cuando vota, cuando participa en los asuntos de su comunidad, y cuando se preocupa por sus compatriotas. Un verdadero patriota sabe que otras gentes, otros pueblos, también pueden ser patriotas sin por ello ser una amenaza para nosotros. Una bandera sobre la solapa, o prominentemente expuesta en nuestro vehículos engullidores de gasolina, no nos convierte en patriotas.

La disidencia puede ser una molestia para aquellos que gobiernan, pero es parte esencial de nuestra democracia, algo que no puede descartarse de nuestras vidas políticas, algo que no se puede enmendar ya que es parte de los derechos básicos que nos da la Constitución.

Es triste ver la censura que los medios de información se han dado a si mismos durante estos dos años en nombre de patriotismo. Presentadores de noticias, escritores y periodistas han tomado en consideración los deseos de aquellos que mal gobiernan. Precisamente, cuando son más necesitados, nuestra vanguardia de libertad, la prensa establecida, nos falla. ¿Dónde están hoy los periodistas patriotas y profesionales como Morrow o Cronkite? ¿Cómo vamos a poder salir de este atolladero político con un Congreso inepto y una prensa que se censura a si misma con el pretexto de unidad nacional?

Hay momentos que requieren derramar lágrimas en nombre del patriotismo. Este es uno de ellos.