Palabras que definen realidades políticas: Autocratopia y Emporocracia

Giacomo quizás sea el miembro más callado y juicioso de nuestro grupo de charla. Y, por ser profesor de latín y griego, nos mofamos ocasionalmente de él, llamándole “Linguamortini” (lengua muerta) y declarándole vocero de su grupo de rock favorito, Jerry García y sus “deadheads”.

Hará un año, cuando los preparativos estaban tomando forma para una invasión a Irak, que nuestro tema de discusión en la sala de Internet era corto y simple: ¿tiene un país derecho a imponer su voluntad sin ser juzgado como nación tunante? Pregunta que nos llevaba por dos veredas de discusión; una sobre el derecho de acción preventiva, dado el miedo a las ADM; y la otra, sobre el derecho de EEUU en intentar establecer democracia en el Oriente Medio.

Para la tercera sesión, después de haber permanecido prácticamente callado sobre el tópico, Giacomo no se pudo contener. “Os estáis metiendo en un galimatías sofista y terminareis llegando a conclusiones erróneas”, nos dijo. Giacomo continuó censurando nuestras discusiones que para él asumían dos premisas que podrían no ser verdad: una que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva listas para su uso inmediato; y la otra, que los EEUU pudieran exportar algo que ellos mismos no tuvieran, como la democracia.

Eran las dudas de Giacomo sobre la existencia de democracia en EEUU que nos molestó a unos cuantos. No eran dudas que provenían de un comunista con carné, sino de un centrista demócrata-social. Sin hacérsele la pregunta, nuestro profesor de lenguas muertas empezó a desarrollar una disertación muy bien pensada.

Según Giacomo, la democracia existió en EEUU hace un par de siglos, aunque no cubriese a toda la población. Pero poco a poco, la democracia vecinal de las aldeas de Nueva Inglaterra terminó siendo más simbólica que indicadora de la realidad política en los grandes centros urbanos o en la capital de la nación.

Todo empezó, nos dice Giacomo, en tiempos de la revolución industrial, y como un acertado sector económico de iniciativa privada evolucionó poco a poco hasta convertirse en un capitalismo corrupto y rapaz que ahora llega a su apogeo.

Empresas gigantes, según el profesor, regulan en forma discriminante las vidas de los estadounidenses, determinando quien puede sentarse a la mesa, y cuanto puede comer. Sin tener papeleta hace que su voto se sienta en la estrecha franja de la política estadounidense. Al fin y al cabo, los políticos están propensos a promulgar leyes que se avengan a los intereses de los cabilderos, ya que sus campañas políticas son pagadas por ellos.

“Por mucho que los estadounidenses afirmen vivir bajo un sistema de gobierno democrático, es solo una ilusión”, afirma Giacomo. “Vivís con un alto nivel de libertades secundarias (expresión, prensa, religión, asamblea…) pero carecéis de la libertad que es raíz de las demás libertades: la libertad de efectuar cambio en el gobierno”. Y eso pasa también, nos admite, en la mayoría de naciones occidentales industrializadas.

“No es democracia bajo lo que vivís, sino ‘emporiocracia’. Indirectamente estáis siendo gobernados por empresas gigantes (emporium) y no el pueblo (demos). Y vuestros dirigentes reclaman un nuevo destino manifiesto, extendiendo esta ‘emporocracia’ por el mundo ayudados por el poderío bélico estadounidense, formando no un imperio sino un nuevo orden: ‘autocratopia’, el gobierno de un grupo selecto y auto-ungido”.

Giacomo nos hizo saber que ni “emporiocracia’”ni “autocratopia” fueron parte del léxico de la Vieja Grecia, añadiendo a la vez que tampoco lo fueron el capitalismo de rapiña, las armas nucleares o los proyectiles teledirigidos.

¿Por qué acuñar estas palabras? Si “emporocracia” es lo que en verdad practicamos… ¿por qué continuar pretendiendo que vivimos una democracia? Y si nuestros mal elegidos gobernantes quieren establecer su “autocratopia” por el mundo… ¿quiénes somos para decirles que no?

Los estadounidenses veneran las cinco libertades que el propio James Madison escribió en la constitución. Aun así, de tener Giacomo la razón, seriamos negligentes si no reclamásemos la madre de todas las libertades: la libertad de poder efectuar cambio en el gobierno. Después de todo… ¿no pertenece acaso el gobierno al pueblo?