Alzamiento en Irak

Durante algún tiempo se nos dijo que los ataques aislados tanto a los militares estadounidenses como a organizaciones extranjeras no eran sino vestigios, últimas bocanadas de un régimen derrotado. Pera ya no. El Pentágono finalmente reconoce que la resistencia se está convirtiendo en alzamiento en toda regla.

Declaraciones dadas por el gobierno tanto a los medios de información como a la ciudadanía, pintando a la resistencia como los posos del partido Baath, Al-Qaeda y elementos extranjeros venidos de Siria o Irán, han sido puestos en duda por la mayoría de corresponsales extranjeros. Estos informan de una insurrección en un área que cubre la mitad de la población iraquí, ambos shia e suní, y que se extiende desde An Najat a Tikrit. Una insurrección con un perfil muy diferente al dibujado por el Pentágono.

El trípode de resistencia dado por Rumsfeld (Al-Qaeda, posos del régimen y combatientes extranjeros) no es exactamente lo que los corresponsales ven. En su lugar, definen el levantamiento como una resistencia nacionalista con múltiples púas contra un invasor que nunca fue visto como libertador excepto por una buena parte de la población kurda. Aun la mayoría shia que no mantenía gran simpatia por Sadan, jamás abrazó a las fuerzas de la coalición como liberadores.

Lo que aparece como obvio a los corresponsales extranjeros que escriben desde Irak es que la resistencia tiene un gran apoyo de la población iraquí, en particular de los suní, y que ese apoyo crece día a día como resultado del comportamiento militar estadounidense, visto por los iraqueses como una profanación a su cultura y valores religiosos.

Los soldados estadounidenses, asustados y mal preparados para este tipo de ocupación, reaccionan para salvaguardar sus vidas. Actos cometidos en tal defensa muchas veces humillan e imponen violencia a un pueblo orgulloso que ha visto a estos soldados como invasores desde el primer día. Ahora, después del tratamiento violento, les describen como cow-boys inmaduros dispuestos a destruir todo lo que está a su paso.

¿Es acaso éste un grupo pequeño y ruidoso de iraqueses? Eso es precisamente lo que el gobierno de Bush quiere hacer creer a los estadounidenses- que son solo unos pocos los que resisten la ocupación militar, o que son cómplices, o que aplauden tal comportamiento. Pero la realidad no es esa. Cuando el helicóptero Chinook cayó la semana pasada cerca de Faluya dejando 16 muertos y 20 heridos, unos folletos a la entrada de la mezquita advertían a la población que no fuese al mercado u otros lugares públicos ya que se anticipaban nuevos ataques contra los invasores utilizando armas sofisticadas.

Viendo a los iraqueses regocijarse tras un ataque por los insurgentes no parece representar el sentir de unos pocos, más bien el de muchos. Y los que lo hacen no son necesariamente seguidores de Sadan Hussein. Son las caras de personas ahora enfurecidas pero, si insistimos en nuestro proceder, que mas tarde trasformaremos en caras de terroristas.

Preguntas que vienen al caso: ¿Si los corresponsales ven esta situación tan clara, por qué aparece empañada a nuestros políticos y corresponsales estadounidenses? ¿Por qué son estas realidades tan difíciles de comprender?

Por lo pronto, nuestros políticos no aparentan entender lo que está pasando prefiriendo vivir en su mundo privado. Aquellos que han viajado a Irak con misión de indagar sobre la situación, no importa su afiliación política, regresan con una vergonzosa competencia demostrada en su ignorancia, salmodiando la letanía del gobierno, y dando de hecho su aprobación a este triste lío. Lo hacen después de un viaje en el que pasaron sus días observando una trayectoria de hechos rebuscados que les enseñaba el alto mando militar, mientras sus noches trascurrían a salvo en Kuwait.

En cuanto a los corresponsales estadounidenses… poco puede decirse. Durante esa breve guerra, que terminó siendo tan solo una exhibición de armamento aterrador, estuvieron empotrados, y sin gran peligro, con las tropas de invasión. Una vez librada la contienda, se supone que la mayoría de ellos regresó a EEUU dejando que los reportajes a trasmitir desde la zona ocupada fuesen dados por corresponsales de otras nacionalidades. Después de todo, si contratamos a mexicanos, aunque sean ‘ilegales’, para que recojan nuestras cosechas agrarias… ¿por qué no tener a corresponsales que hablen inglés, informándonos desde lugares tan peligrosos?

Y… tratando de superar esta tempestad en Irak, Bush tiene al Virrey Bremen, quien despidió al recurso mas propicio para la seguridad del país, el ejército iraquí; y descartó pedir ayuda a los jefes de tribu suní. Irak se ha convertido en una situación surrealista digna de ser añadida a las Mil y Una Noches… con pesadillas en vez de sueños.